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viernes, 6 de julio de 2012

Sábado 26 de mayo de 2012


TENGO QUE IR A UN LUGAR

Tengo que ir a un lugar,
antes de que los augurios me revelen
la encrucijada del fin de cada día,
antes de que mi sombra se tienda
bajo el verde enlutado del ciprés.

Siento que el tiempo a mi espalda
es un filamento de flor incandescente,
gusano de luz que guarda, todavía,
el calor de mis huesos.

Antonia López

TENGO QUE IR A ALGUN LUGAR

Me desperté con los estornudos del zócalo,
hasta los muros andan impregnados de frio, me dije.
¡Cuanto dura este invierno!
Nidos grises han dragado los ojos de la multitud
y no se trata de un ensayo de ceguera,
todos firmamos para que nos sacaran los ojos.

A ciegas, solo escucho las estructuras metálicas
que se susurran la inestabilidad de la péndola.
Tengo que irme a algún lugar
para sentir el rayo del sol encalando las traviesas.
El poema me envió al rincón de los presentes
donde dispuse el equipaje con el salto de las páginas.

Ana Velasco
Taller: Sábados 16h

ME TENGO QUE IR A UN LUGAR

Nadie abrochó al viento y tus palabras se van del revés.
Relatan abruptas relaciones y lanzan ideas
para verter substancias y encapuchar mandíbulas.

Veo tu grito levantarse a mi lado
y es otro cuerpo que balancea su oxigeno.

Hay paisajes envolventes que inmovilizan tus ojos,
siluetas taciturnas que duermen su sangre
y refugian tu amor en un solo corazón.

Qué cómico es navegar hoy con un solo movimiento,
con ese atardecer que levanta cada nada
disfrazando la penosa exactitud.

Lanzaré promesas para que me des la mano.
Tengo que ir al próximo tren
espero tus hemisferios amputándome la certeza.

Clemence Loonis

ME TENGO QUE IR A UN LUGAR

Ni la savia de aquella rosa, deshaciéndose en honores,
pudo libar tu corazón hasta convertirlo en trofeo de la liebre herida.

Valientes juegos se encaramaban sobre el tamiz de bengala,
recorriendo los hilos que se abrían entre tu goce y mi deseo.

Sobre el trébol , la ilustre mirada del topo
imaginaba auroras en tu destino inerte,
y yo, ajena a las circunvalaciones de tu alma, me fui a un lugar
donde las luciérnagas alumbraran mis pasos frente a la nada.

Paloma Benito

HE TENIDO QUE IR A UN LUGAR

He tenido que ir a un lugar,
donde las palabras están descoloridas,
y los juegos de los parques
tienen trajes de silencio y espera.

Un lugar donde el toque de queda
puede ahogarte si el baile no es oportuno
y el plástico cubre tus manos.

He tenido que nacer varias veces
para poder volver.

Hernán Kozak
Taller de los Sábados a las 17.00

ME TENGO QUE IR A UN LUGAR

Dispensarios de holocaustos trenzados por pletóricos atardeceres
enmudecen la sombra de las nubes proyectada sobre mis manos.

No entiendo el idioma de las conmueve, ellas son solas y convergentes,
son la lentitud y la huída, plataformas de teclas cósmicas
enraizadas en extensos plenilunios detenidos en la garganta.

A veces, piden libertad, y sus pulsaciones se detienen en sinuosas pausas,
en poderosas onomatopeyas silenciadas por el asombro.

La tez de sus nudillos entreabre la articulación labial de un grito
que reverbera como embarcación taciturna, templada por su marcha.

Otras veces, piden constancia, y la caricia de las letras florece
en primavera, cual displicentes calibraciones contagiadas de verdad,
como fulminante y elocuente consagración de la locura.

Ella abraza la dimensión del infinito con tan sólo diez dígitos
que se escriben en prosaicos decibelios, ensordeciendo toda ceguera.

Quizá el amor, albergue alguna salud en este ávido peregrinar
de parpadeos rítmicos, donde lo desconocido, se hace bandera.

Psicoanalista Magdalena Salamanca

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